En algunos lugares y épocas era costumbre llegar a la casa del vecino que se había quedado con pocos recursos y dejar encima de la mesa 100.000 pesetas con la siguiente explicación: "Si algún día puedes, nos lo devuelves; si no, da igual". La solidaridad era mutua, evidentemente.
Una costumbre que a todos nos vendría muy bien a la larga sería la de ir a la casa del país pobre a dejar sobre su mesa lo que sobra en la casa de los otros países.
jueves, 17 de abril de 2008
sábado, 12 de abril de 2008
Miradas que hablan.
Se podría decir que colecciono mensajes (los que me llaman la atención por algún motivo) de un periódico universitario.
Un ejemplo:
"PARA EL CHICO DEL AUTOBÚS.
Porque para mí aquel fue un día muy tiste, y sólo con miradas te lo conté todo, sin hablar. Y sé que si hubiese hablado contigo seguramente me hubieses ayudado mucho. Ya me ayudaste sólo con mirarme así durante tanto tiempo y aunque nunca llegue a conocerte ni vuelva a verte nunca se me olvidará tu cara ni tu mirada, porque aunque no lo sepas ayudaste mucho a que me sintiese mejor. Quería despertar de una pesadilla. Abrí los ojos y te vi a ti, y supe que [...][casi todo tiene solución]. Aunque nunca llegues a saberlo, ¡gracias!
La triste chica del móvil."
Un ejemplo:
"PARA EL CHICO DEL AUTOBÚS.
Porque para mí aquel fue un día muy tiste, y sólo con miradas te lo conté todo, sin hablar. Y sé que si hubiese hablado contigo seguramente me hubieses ayudado mucho. Ya me ayudaste sólo con mirarme así durante tanto tiempo y aunque nunca llegue a conocerte ni vuelva a verte nunca se me olvidará tu cara ni tu mirada, porque aunque no lo sepas ayudaste mucho a que me sintiese mejor. Quería despertar de una pesadilla. Abrí los ojos y te vi a ti, y supe que [...][casi todo tiene solución]. Aunque nunca llegues a saberlo, ¡gracias!
La triste chica del móvil."
domingo, 6 de abril de 2008
Correspondencia privada para todos los públicos.
Iba a plantearlo como un dilema ético, pero es que no es ningún dilema ético. Es más que evidente que, mientras no den permiso sus dueños, la correspondencia privada no puede hacerse pública. Y menos todavía si han muerto, ya que no pueden defenderse.
Otra cosa es el asunto de si conservar o no cartas de familiares o amigos que han quedado por ahí perdidas. Soy partidario de no destruirlas. Entre otros motivos, porque podría necesitarse algún día abrirlas (con "orden de registro") para aclarar algún tema super-importantísimo.
Dice Javier Marías: "Se me van pidiendo las cartas que me escribió Juan Benet, por ejemplo, y mis hermanos y yo hemos encontrado la correspondencia de Ortega y Gasset no sólo con nuestro padre, sino -y es tal vez la más curiosa- con nuestra madre. Ni él ni ella la destruyeron, evidentemente, y ahora nos tocaría decidir a nosotros si la hacemos desaparecer para siempre o sólo durante un tiempo."
Otra cosa es el asunto de si conservar o no cartas de familiares o amigos que han quedado por ahí perdidas. Soy partidario de no destruirlas. Entre otros motivos, porque podría necesitarse algún día abrirlas (con "orden de registro") para aclarar algún tema super-importantísimo.
Dice Javier Marías: "Se me van pidiendo las cartas que me escribió Juan Benet, por ejemplo, y mis hermanos y yo hemos encontrado la correspondencia de Ortega y Gasset no sólo con nuestro padre, sino -y es tal vez la más curiosa- con nuestra madre. Ni él ni ella la destruyeron, evidentemente, y ahora nos tocaría decidir a nosotros si la hacemos desaparecer para siempre o sólo durante un tiempo."
viernes, 28 de marzo de 2008
"La vida sale al encuentro".
Seguramente, mi afición a la lectura surgió mientras leía "La vida sale al encuentro" (Martín Vigil).
No sé si realmente existieron Iñaki y Karin, pero muchos nos resistimos a aceptar que sean simples personajes de ficción.
No sé si realmente existieron Iñaki y Karin, pero muchos nos resistimos a aceptar que sean simples personajes de ficción.
Profesores de la asignatura "Vida".
Yo tuve 2 ó 3 así. Les debo una parte de lo que soy.
"(...) informadores tuve muchos (...), pero formadores, lo que se llama formadores, puedo contarlos con los dedos de una mano. (...). Hombres que dejan huella, no por haberte enseñado los rudimentos del álgebra, la concordancia latina o las leyes de la lógica; sino por haber estimulado tu sentido crítico, por haber hecho despertar tu curiosidad intelectual, por haber abierto tus sentidos al arte, a la ciencia, a la creación, a las ideas; por haberte impulsado a tomar posiciones, no las suyas, sino las tuyas; por haber conseguido no que pienses esto o aquello, sino que pienses, simplemente; por haberte enseñado a ser un hombre que ve con el entendimiento, y decide con la voluntad; por haber conseguido que seas tú mismo, un prototipo, no una unidad más de aquel modelo que la sociedad pone de moda. Formadores. Yo tuve varios sucesivos; no muchos, es verdad; digamos cuatro, y me puedo considerar afortunado."
(Martín Vigil).
"(...) informadores tuve muchos (...), pero formadores, lo que se llama formadores, puedo contarlos con los dedos de una mano. (...). Hombres que dejan huella, no por haberte enseñado los rudimentos del álgebra, la concordancia latina o las leyes de la lógica; sino por haber estimulado tu sentido crítico, por haber hecho despertar tu curiosidad intelectual, por haber abierto tus sentidos al arte, a la ciencia, a la creación, a las ideas; por haberte impulsado a tomar posiciones, no las suyas, sino las tuyas; por haber conseguido no que pienses esto o aquello, sino que pienses, simplemente; por haberte enseñado a ser un hombre que ve con el entendimiento, y decide con la voluntad; por haber conseguido que seas tú mismo, un prototipo, no una unidad más de aquel modelo que la sociedad pone de moda. Formadores. Yo tuve varios sucesivos; no muchos, es verdad; digamos cuatro, y me puedo considerar afortunado."
(Martín Vigil).
domingo, 23 de marzo de 2008
Los Hornazos.
Habría ido en bici (casi 10 horas) si no hubiera tenido otra forma de ir. Pero eso era antes. Ahora ya no. ¡Con lo que me gustaba a mí ir al monte en Los Hornazos! Era una de mis diversiones preferidas. Pero ya no es lo mismo (hoy ni me he planteado ir). Antes íbamos en burro. Ahora se va en "burro de acero" o en remolque (de tractor). Y así se pierde gran parte (para mi gusto) de su encanto.
Yo solía pedirle a mi abuela un burrito blanco ya bastante viejito que se tropezaba 2 ó 3 veces por cada paso que daba. Si ibas un poco rápido (que no era mi costumbre) y el tropezón era grande, podías salir volando por encima de su cabeza. De todas formas, las caídas (frecuentes) solían tener pocas consecuencias (aunque sí mucho eco, como cuando unos cayeron en medio de la rivera -no estaba yo en ese momento-). Eso sí: siempre teníamos rasguños por todos lados.
Las chicas te pedían montar, con la condición, que siempre aceptábamos, de no correr, y las llevábamos a dar una vuelta (menos mal que ya se había pasado la "moda" de ir de lado en el burro, en vez de ir como es debido: "escarrapanchadas". Si le dabas a correr al burro (era la costumbre), te clavaban las uñas donde primero pillaran. El burro mío apenas podía correr, o sea que si nos caimos una amiga zamorana y yo, no creo que fuera por exceso de velocidad. Pero se hizo un poco de daño ella. A ver si le pregunto cuando la vea cómo lo recuerda.
Aunque pueda parecer que hacíamos burradas, si lo comparamos con las locuras que se hacen ahora con el volante, aquello era un juego de niños. Y las consecuencias lo demuestran.
Yo solía pedirle a mi abuela un burrito blanco ya bastante viejito que se tropezaba 2 ó 3 veces por cada paso que daba. Si ibas un poco rápido (que no era mi costumbre) y el tropezón era grande, podías salir volando por encima de su cabeza. De todas formas, las caídas (frecuentes) solían tener pocas consecuencias (aunque sí mucho eco, como cuando unos cayeron en medio de la rivera -no estaba yo en ese momento-). Eso sí: siempre teníamos rasguños por todos lados.
Las chicas te pedían montar, con la condición, que siempre aceptábamos, de no correr, y las llevábamos a dar una vuelta (menos mal que ya se había pasado la "moda" de ir de lado en el burro, en vez de ir como es debido: "escarrapanchadas". Si le dabas a correr al burro (era la costumbre), te clavaban las uñas donde primero pillaran. El burro mío apenas podía correr, o sea que si nos caimos una amiga zamorana y yo, no creo que fuera por exceso de velocidad. Pero se hizo un poco de daño ella. A ver si le pregunto cuando la vea cómo lo recuerda.
Aunque pueda parecer que hacíamos burradas, si lo comparamos con las locuras que se hacen ahora con el volante, aquello era un juego de niños. Y las consecuencias lo demuestran.
sábado, 22 de marzo de 2008
Mundo interior.
Hay gente que puede pasarse un par de horas mirando las nubes en completo silencio y no aburrirse: tienen muchas cosas en qué pensar, mucha imaginación con la que jugar,...
Otros no se conforman con tener 200.000 estímulos a su alrededor.
Lo ideal, a mi entender, es saber dosificar la estimulación que te rodea. Si te acostumbras a tener mucha, después te aburrirás en un pueblo tranquilo. Y si te acostumbras a poca, te resultará super-agobiante una gran ciudad. Una vez más, en el medio está el equilibrio.
Otros no se conforman con tener 200.000 estímulos a su alrededor.
Lo ideal, a mi entender, es saber dosificar la estimulación que te rodea. Si te acostumbras a tener mucha, después te aburrirás en un pueblo tranquilo. Y si te acostumbras a poca, te resultará super-agobiante una gran ciudad. Una vez más, en el medio está el equilibrio.
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